sábado, septiembre 02, 2017

FUEGOS FATUOS

Vivo en un país tan grande que todo queda lejos 
la educación, 
la comida, 
la vivienda.

Tan extenso es mi país 
que la justicia no alcanza para todos.
Lina Zerón.


En estos tiempos cuando ya la organización social está rota, cuando la caja de Pandora lleva mucho tiempo abierta y dejando salir la esperanza, cuando los niños crecen sin alma, cuando todos son depredadores de los otros, es muy importante tener en cuenta las condiciones en las que los mexicanos vivimos. 
No estoy a favor de culpar al gobierno de nuestros desatinos, de nuestros desdenes o nuestra falta de voluntad, sin embargo, tampoco estoy a favor de culpar a los mexicanos de los desatinos gubernamentales, de la corrupción o de la falta de libertad, de la desnutrida educación, de la desnutrida desnutrición, de la injusticia, del olvido. 

Realicé el Servicio Social de la carrera de Médico Cirujano durante el año pasado y este mi reporte contra el gobierno. Este es mi reporte del Servicio Social. Con estas estas letras comienza. 
Aprendí muchísimo durante este período. Aprendí, por ejemplo, que la hipertensión y la diabetes son difíciles de controlar, aprendí maya básico, aprendí a entender el mal español y aprendí que la tuza se come con todo y caca. Descubrí que la gente no conoce el significado de palabras sencillas como "cirugía" o "bálsamo", pero sí puede pronunciar correctamente la frase "negligencia médica". También descubrí que vivimos en un estado de negligencia gubernamental. El escritor Mario Carrillo lo llama "angobierno" porque no existe. Porque es una farsa. Sólo son empresarios con autorización para beneficiarse del erario. 
El uno de enero de mil novecientos noventa y uno, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional se dio a conocer, sin embargo, la información que he adquirido de manera independiente en fechas recientes no tiene nada que ver con la información que se difundió y que mis familiares me hicieron saber. El EZLN sólo quería lo mismo que yo quiero ahora, veintiseis años más tarde: Los derechos de los pueblos indígenas. 
Iré por partes y comienzo ahora. 


Fernando Cisneros Sulú. 


lunes, octubre 31, 2016

FUEGOS FATUOS

 (Publicado en el Diario de Yucatán)

Los médicos están siempre ocupados; cuando trabajan no pueden desviar su atención porque eso puede tener consecuencias fatales; cuando descansan lo aprovechan, porque lo necesitan; cuando estudian, se concentran. Son un gremio de personas tranquilas y poco conflictivas que resuelven problemas propios y ajenos. Son gente pacífica, que paga impuestos para pagar su propio sueldo y los materiales de su trabajo -como muchas otras personas- y prefieren ocupar su tiempo luchando en el sistema arcaico al que están sujetos que luchar contra él para conseguir mejores condiciones.
Los médicos estamos siempre ocupados y pocas veces tenemos tiempo para defender los derechos del gremio. Han habido muchos fuegos fatuos encendiéndose a lo largo de la historia; marchas, quejas y denuncias de médicos contra las malas condiciones laborales, estas denuncias de inmediato se extinguen no porque las autoridades resuelvan las necesidades, no porque la cohersión disminuya, no porque las instituciones nos protejan, no porque nos liberen de los nuevos tipos de esclavitud, no porque paguen mejor nuestro trabajo; se extinguen las manifestaciones y se dejan de oir las quejas porque alguien se rompe una pierna, porque a un niño se le exacerba el asma, porque un anciano perdió la consciencia. El sufrimiento propio disminuye de importancia porque alguien más está sufriendo y necesita ayuda. Y para cuando el médico quiere volver a gritar, a pedir sus derechos, ya nadie nos apoya, los compañeros se fueron a atender a alguien más y nos quedamos solos en la plaza pública y volvemos al mal sueldo, a las guardias de castigo que provocan más castigos, a perder la salud por ser sometidos a estrés continuo y extenuante durante años, al escrutinio público que juzga aspectos personales, algunas veces volvemos a comunidades peligrosas, a la depresión causada por la soledad que se siente al estar rodeado de las paredes verdes que la selva tiene, a accidentes de tránsito por jornadas larguísimas, a la irregularidad del pago, a no ver a la familia durante un mes más porque eres médico y tienes vocación y por eso estás obligado a cubrir las deficiencias -que cada vez son mayores debido a los recortes presupuestarios- de las instituciones de salud quienes exigen que el médico viva en una comunidad apartada, con un sueldo paupérrimo de $4.00 por hora, cubriendo tres turnos al día, o en un hospital de alguna ciudad, con condiciones también deprimentes.
Los médicos no tenemos tiempo de manifestarnos, pero hoy tuve tiempo de escribir esta carta.
Llevo casi tres meses en el servicio social de la carrera de Médico Cirujano. Es el último año de la carrera y en este tiempo he perdido 3 kg de peso de manera involuntaria debido al nuevo régimen alimenticio al que estoy sujeto desde que comencé este período. Hasta el día en el que escribo estas líneas no recibo el pago prometido por mis labores; aunque fuera de $4.00 pesos por hora laboral, ayudaría un poco en mi alimentación o cubriría el gasto por transporte hasta la comunidad de difícil acceso en la que estoy asignado.
Aún me faltan nueve meses más y me pregunto si seguiré al mismo ritmo de pérdida de peso porque si comencé con 66kg y ahora peso 63kg, en 9 meses pesaré sólo 54kg y eso creo que pondría en riesgo mi salud.
Hablando específicamente del servicio social de Médico Cirujano, este se instauró como requisito para obtener el respectivo título en el año 1936 como propuesta del señor Presidente Lázaro Cárdenas del Río para gratificar los beneficios recibidos de la educación gratuita y libre que el Estado mexicano y la población nos brindó.
Comenzó con una duración de seis meses hasta actualmente convertirse en un servicio social de 1 año de duración que se traduce en 7512 horas, con 52 días de descanso; veinticuatro horas por cada semana. Cubrimos un turno matutino de 8 horas para atender consultas de toda índole, un turno vespertino y otro nocturno de 8 horas cada uno para atender urgencias, que se traduce en atender toda clase de padecimientos proporcionados por la ignorancia y también en largas y agotadoras explicaciones de lo irrelevante del padecimiento.
La atención médica se da entre sillas rotas, sanitarios descompuestos, falta de insumos y metas altísimas de papelería que merman la calidad de la atención y con las que no se obtienen mejoras en las condiciones laborales.
A pesar de la reglamentación mencionada en la NOM-009-SSA3-2013, muchos de los pasantes carecen de un seguro médico, afiliación a algún sistema de salud para atender sus necesidades, abasto suficiente de medicamentos para controlar enfermedades de alta incidencia, medios de comunicación para reportar emergencias médicas o solicitar ayuda; muchos centros de salud carecen de teléfono, radio de onda corta o internet. En medio de la selva, sin automóvil y rodeado de personas desconocidas, sin poder pedir ayuda, las cosas se pueden poner rojas en cualquier momento. Nos exigen portar un uniforme que no nos proveen y se debe adquirir con nuestro dinero. Además somos constantemente amedrentados con perder nuestro puesto en el Servicio Social que provocaría perder la oportunidad de recibir el título que deseamos.
Algunas personas dirán “pero nadie te obligó, tú quisiste ser médico” pero yo estoy feliz ejerciendo la medicina y aprendiendo de la ciencia y aprendiendo del arte y aprendiendo de la sociedad, sólo considero que las condiciones en las que trabajamos los médicos pasantes en servicio social no son las que deberían, no son las que están normadas y nos hacen vulnerables.
Muchos son los detalles que hay que abarcar y muchos más en otros niveles de la profesión médica, desde el Internado Rotatorio de Pregrado, las Residencias de Especialización Médicas hasta el trabajo como Médico Adscrito y pocas veces se saben las condiciones en las que laboramos y acaso por eso la población piense que el trabajo del médico es maravilloso, porque pocas veces decimos lo que pasa. Primero el paciente y al final nuestro sufrimiento.
Somos médicos, tenemos vocación y tenemos hambre.

Fernando Cisneros Sulú MPSS


sábado, diciembre 06, 2014

Bestiario. Borrador.

Las moscas en general, no pueden dejar de volar nunca en su vida. Entre toda la población de moscas existente en la tierra solo un determinado numero de ellas puede descansar y reposar en la ropa de alguien, o en sus orejas o en las ancas de alguna vaca. Cuando alguna mosca descansa, otra instantáneamente muere. Eso es considerado asesinato entre su especia y por eso las moscan tienen tantos ojos: para juzgar a las que aflojan las alas y para poder esconderse bien de cualuier ptra mosca que pudiera mirarla de reojo. 
¿Qué se hace con las moscas asesinas?

jueves, diciembre 04, 2014

Coco Channel no existirá.

Los años se hicieron transparentes. Las sonrisas todas fueron una serie. Un rompecabezas que se encajó. Todos los diálogos y las borracheras tuvieron su lugar ignorado. Las pijamas, los cafés y los regalos. Las cartas más lejanas. Los años se hicieron transparentes y las distancias reales y los regresos indefinidos. Todo el pasado es transparente, es cristal ensamblado. Hay que mantenerlo como recuerdo. 

viernes, octubre 10, 2014

La felicidad es una bola de masa
Que está perdida
Y cuando la encuentras
Debes tirarte sobre ella
O ponerla entre tus manos 
Y aplastarla comp tortilla
O pisarla como aguacate podrido
Y seguir pisándola
O jugando con ella
Para este momento tendrás gente a tu alrededor mirando
Pero no dejes de juugar con la masa
Extiéndela
Tírala al suelo
Tírala al aire
Tírate sobre ella
Tírala sobre ti
Date vueltas
Dale vueltas
Extiende tus brazos y luego gira tu torso 
Sobre su eje axial
Y encógete de piernas
Que se enrede
Luego haz lo mismo
Pero más rápido
Y en sentido opuesto
Que te cubra
Y hazte una bola de pan
Y felicidad caliente

Estudio medicina.

Confieso que estudio medicina y con mucha frecuencia no entiendo ciertos conceptos que a todos les parecen en sumo claros. A veces no tengo argumentos para afirmar que un término es sinónimo de otro o no comprendo bien al punto al que se pretende llegar a través de un cálculo porque no conozco la metodología ni el proceso que se lleva a cabo en el hospital para realizar la actividad mencionada al caso. En este sentido tengo gran parte de la culpa, porque nunca en los años anteriores puse interés en aprender estos conceptos o estos procesos. Quizás porque pensaba que nunca serían útiles para mí o que nunca yo debiera conocerlos o por pura apatía. También debo confesarme que nunca voy a los hospitales porque digo que no ayudo en nada, pero no comprendía que el motivo de mi asistencia a esos lugares no era ayudar, porque mi ineptitud es casi absoluta, el motivo real de mi asistencia los hospitales es ayudarme. No soy yo el que debe proporcionar ayuda sino ahí debo encontrar ayuda para mí y para mi futuro ejercicio profesional. Tardé tres años en comprenderlo. Acaso la parte teórica de la medicina no se correspondía con la parte práctica o se correspondían en laxitud. Es complicado atinar al motivo de mi falta de perspicacia en ese asunto. También es incongruente para mí lo confuso de algunos aspectos que a todos parecen serles obvios. 
Hace poco le pregunté al profesor cuánta glucosa había en una solución glucosada al 10%. Él me trató como si fuera un retrasado mental y me respondió explicandome que un porcentaje era una proporción: 'diez por cien' eran sus palabras y yo no daba crédito de la grosería de la que estaba siendo objeto. Y el repetía 'diez por cien' mientras yo lo miraba sonriendo y pensaba que eso no respondía mi duda aunque, en cierto modo, sí respondía mi pregunta: ¿cuánta glucosa hay en una solución glucosada al diez porciento? Sí, la respondía: diez (de glucosa) por cien (de agua), claro. Y todos mis compañeros, igual o más diletantes que yo, parecían saber qué unidad de masa tiene esa solución con respecto a la de volumen. Eso era lo que yo quería saber, pero hablar con precisión no es una característica generalizada en el ámbito médico, al menos no entre los médicos yucatecos. Entonces, levantarse de su asiento, acercarse al médico instructor, mirarlo a los ojos, y decirle 'doctor, quisiera saber si el porcentaje de glucosa que contiene la solución al diez porciento está medido en gramos o en miligramos; además quiero saber si la unidad de masa es la proporcional a la de volumen porque eso haría que tuviera o diez miligramos por cada cien mililitros (lo que en este momento me parece lógico) o tiene diez gramos por cien litros (esto último me parece absurdo por su concentración casi inexistente). Además porque mis compañeros dicen que son gramos en mililitros pero a mí me parece una cantidad excesiva de glucosa para una infusión que se haría por vía endovenosa; además pienso que esto no tiene sentido porque las unidades no son correspondientes, es decir se usan las unidades de masa y las subunidades del volumen, lo cual crea una duda razonable en mí acerca de las afirmaciones de mis compañeros' Y entonces el médico hubiera entendido por completo mi duda y la hubiera resuelto: 'no es una cantidad excesiva, sí son gramos de glucosa por cada cien mililitros de agua como dicen tus compañeros', pero nadie quería escuchar esa perorata, nadie estaba dispuesto, ni él a escucharla ni yo a proporcionarla. Por alguna extraña razón, a los médicos -al menos a los que conozco- les gusta mucho hablar sin escuchar y afirman que siempre están en lo correcto. Al parecer alguien les enseña a no escuchar. Esto me trae a colación innumerables memorias de personas de distintos niveles culturales que han sido tratadas de manera execrable por médicos a través de servicios públicos y servicios privados. Los médicos tienden (yo no me incluyo en el gremio por mi condición de diletante) a asumir hechos a partir de un par de premisas inconclusas y, alguien les hace creer, que su intuición acerca de las personas es la correcta. Quizás sea sólo el estrés. Pero estos son temas más complejos. Prefiero hablar de mi situación.
No sé si mi intelecto es demasiado reducido para la profesión médica o si mi piensamiento sólo aún no está entrenado en este sentido, es decir, sólo no he creado las habilidades necesarias y que todos mis compañeros ya han alcanzado.
Fin.

martes, septiembre 16, 2014

anhedonia

Su coche salió del taller y su dinero no. Tampoco salió del taller la gasolina que le puso a su coche antes de que se echara a perder. Su coche se volvió a echar a perder, benévolamente, cerca de su casa. Se bajó, abrió la tapa que oculta el motor y descubrió un entramado de cables que iban y venían de quién sabe dónde. Polvos pesados, grasas oscuras, metales de formas extrañas. No entendió nada y sólo supo que radiaba mucho calor de ahí. Volvió a cubrir ese extraño organismo y se sentó en la banqueta mirando una llanta. Desde que se despertó había sentido una extraña atracción por las cosas circulares. Un tiempo atrás, había estado sentado en el suelo de una lavandería mirando su ropa secarse. Daba vueltas en una máquina que era un túnel del tiempo. Era como un reloj que podía regresar el tiempo. Esto lo pensó sólo porque la máquina giraba en oposición a las manecillas de un reloj. Él ni siquiera tenía un reloj. Bueno, tenía muchos, pero ninguno funcionaba. También tenía un calendario detenido en el 20 de septiembre de un año atrás. Algo tenía contra el tiempo. Quizás debía detenerse, pero no lo hizo, así que llegó a la lavandería y puso su ropa a secar. Vio que giraban sus prendas y a cada vuelta tomaban más volumen. Sólo estaba sentado en el suelo, mirando la máquina girar, su ropa tomaba volumen poco a poco y él la miraba revolverse. Pensaba que su vida había estado en esa máquina. Todo se había dado vueltas y se había revuelto más y más. Su vida era una secadora. Tal vez por eso sentía tanta sed, porque el calor no explicaba su sed, porque ese era un día fresco en la ciudad que siempre era tan calurosa. Había tomado un agua de chaya, una planta fresca que crecía en esa región. Esa agua le encantaba, pero este día le pareció de una simpleza simple. Tal vez no estaba tan concentrada como otras veces. Se la sirvieron en un vaso de unicel, una cosa que por aquellos tiempos la gente usaba para transportar cosas líquidas o que necesitaran conservar su temperatura por largos períodos. Él no sabía por qué lo usaban tanto si ya era bien sabido -al menos eso era lo que se decía en la televisión o la radio- que ese material no era para nada biodegradable. Este término yo lo explicaría como "indestructible para la naturaleza". Para cuando atravesó el centro comercial ya no quedaba más que hielo en su vaso de unicel y pensó que lo había usado quizás menos de diez minutos. En otro momento hubiera hecho algo por encontrarle una utilidad a ese vaso, a ese material indestructible, pero hoy no. Regresó hasta la lavandería y vio que su ropa seguía lavándose. Así que se sentó en una mesa junto a su vaso indestructible a mirar otra máquina, esta tenía comida chatarra organizada cuidadosamente en unos espirales que las hacían correr desde el fondo de la máquina hasta un precipicio, desde donde caían al interior de una caja negra, y el hambriento, humillado, metía la mano en la caja negra, palpaba a ciegas en su fondo hasta encontrar la bolsa que tenía algo para meterse a la boca. Así miraba las cosas que siempre habían estado frente a él y seguirían frente a él. Así que miró hacia la otra máquina anterior, la que lavaba su ropa. Se había detenido, así que tenía que levantarse y sacar su ropa de ahí, porque eso es lo que se tiene que hacer cuando las máquinas se detienen. Lo hizo automáticamente, como la otra parte de la máquina. Sacó su ropa y la metió a la máquina que se calienta y seca su ropa. Se sentó en el suelo y pensó en el tiempo que se echaba para atrás, en su ropa y su vida que se desorganizaban a cada vuelta, a cada minuto a cada día. Estaba sentado en el suelo con las piernas encogidas. Miraba una pared llena de agujeros circulares, como si se encontrara cara a cara con una abeja gigante o con una herida producida por hongos extraños y mortales. De esos agujeros podían salir gusanos gigantes o pus o miradas de abejas hambrientas, pero sólo salían ropas limpias y secas. Quizá esto disimulaba el peligro y por eso los humanos, atraídos por sus movimientos circulares se acercaban y metían las manos en estas máquinas, en estos agujeros. De pronto el agujero caliente se detuvo y su ropa también. Ya no se desordenaba más, pero la manga de su bata estaba enrollada sobre su camiseta polo, y su camiseta polo estaba echa un rollo en su boxer y el boxer tocaba con el bolsillo salido de su pantalón blanco. Todo estaba muy enredado y fuera de su sitio. Ahí detenido dentro del ojo de la abeja, en la lesión fúngica, en el ojo de su gata recién muerta, en el agujero caliente. Tomó un respiro y se levantó. Abrió la puerta del ojo y metió la mano, sacó un pantalón y unas batas. Vació el ojo de su ropa y la dobló en una mesa amplia y limpia donde los humanos doblaban la ropa que sacaban de sus ojos ahora vacíos. Lo arregló todo detenidamente, quería que todo estuviera en su sitio correcto. Como el vaso indestructible, como la comida de la espiral, como el calor de su auto. Dobló su ropa, la colocó en una bolsa de plástico y se subió a su auto. Camino a su casa encendió la radio: nada, una voz varonil dijo algo, no supo lo que era, pero sabía que no le podía interesar. Dio un click y cambió de estación. Esta transmitía el sonido de una lluvia, tal vez una lluvia en el Golfo de Bengala una noche de mayo. Dio un click más porque tampoco le interesaba la lluvia del Golfo de Bengala. La radio se detuvo en una estación con música en inglés. Una voz varonil pero afinada decía "you'll be ok" una y otra vez. Pensó que Alejandra posiblemente conocía a ese cantante, le parecía haberlo escuchado antes con ella. "you'll be ok, you're not alone, the sun will rise to better days". Era como una pequeñísima palmada en el hombro, así que lloró mientras comenzó a escuchar el ruido anómalo de su motor que se sobrecalentaba.