miércoles, septiembre 05, 2012

Todo es naranja.


En mi ciudad sí se habla
se habla como los humanos se hablan entre ellos
con susurros fuertes
tomados de la mano
con susurros y espaldas
con jorobas precipitadas
con alcornoques y amapolas
En mi ciudad se habla de la calabaza
pero sin su aroma
Las voces en mi ciudad son como racimos enjutos
llenos de agua
de agua dulce y fría
En mi ciudad se habla un poco húmedo 
entre los zapotes
como si las vaporeras no cantaran ya suficiente
cantamos pocas canciones
fabricamos gritos;
y los bostezos exangües de la tarde
nosotros los exportamos al aire

De pie, desnuda, mi tierra es una cama
de arena y piedras
musgo y cenizas
con grillas y grullas
con hormigas y besos de hamaca
(Pescadoras de sueños)
En mi tierra hablamos como deben hablar los hombres
En silencio

lunes, agosto 27, 2012


Desde las tardes se tienden sobre la mar
a sostener el sexo
a estirar la luz de las velas hacia el norte
a esperar los faros



a esperarlos a tientas


Porque el día

                                                          Apaga los faros pero enciende los espejos

Como reptil sobre el lodo

Les tira cables a las sirenas

Y ondea sus cintas en la superficie

 

Para conducir sus orgasmos a las orillas

hacen más olas

hacen más sexo

 

Los liberan

Toman una bocanada de espuma

y vuelven de nuevo

a la orgía

al cuerpo derramado

que conspira para que amanezca
ese es el orgasmo de la orilla.

 

domingo, agosto 19, 2012

sin título :D

Las sombras se habían esforzado todo el día por huir del sol y ya estaban lejos de él.En México no se lee, se mira la teve, por lo que un hombre que lee en un parque es completamente sospechoso de cualquier cosa. Más aún si cruza la pierna como mujer.  
En un jardín lleno de niños, niños vespertinos, niños nocturnos, leí detalladas orgías, fumaderos de opio, marihuana e inyecciones de heroína, coca, coños, asesinatos, sudores, basura y mierda como comida. El poder narrativo ajeno y mi delicada mente me hicieron sentir la pederastía. ¿Podría existir mejor sitio para leer tal barbarie? ¿Para escupirle el ano a un preescolar? ¿Para mostrar la mejor leche que podrían beber en sus columpios?
Me sentí perseguido, me sentí escudriñado. Luego me convencí que nadie podría saber lo que pensaba ni lo que leía, entonces seguí estimulando mi mente con sus sonrisitas.
Ando tenso y escribir es como el sexo. Hay que dejar que las luces cambien, que las voces vecinas cambien, paren, griten para que todo fluya sin cuidado.
Dame esa pistola, Alberto -dijo una madre a su hijo y supe que estaba permitido tener mis pensamientos. Leía y no. Leía, miraba, leía.
Ya era un sospechoso, yo y todos lo sabíamos. Los policías llegarán armados y me pedirán que los acompañe. Yo les preguntaré adónde iremos. Ellos dirán que un chequeo de rutina y entonces sabrán que si es rutina pueden rutinar en otras partes. Pero encendí un cigarro para esperarles fumando. Los parecidos del cigarro y el falo me han hecho más llamativo leyendo con la pierna cruzada mientras le doy una larga aspirada a mi cigarro que se hace más llamativo cuando el humo se cruza con la luz del atardecer a mis espaldas. Yo ya comienzo a disfrutarlo cuando descubro a los policías que llegan. Entonces pensé en la señora cuyo hijo tenía una pistola y estuve convencido de que fue ella quién llamó a los incompetentes azules. 
-No, ningún niño es mi familiar.
Entonces me han pedido la identificación. Y mientras tomaban mis datos el más estupidamente amable me preguntó lo que leía.
-Historia del Ojo, de Georges Bataille; un genio. 
Sorprendentemente ha tomado el libro y lo ha ojeado por donde yo leía. Cuando el tipo de mayor edad tenía relaciones con una jovencita. Entonces, el trío de imbéciles me recuerda el diálogo que preví y me hacen acompañarlos, pero ya las sombras son mansas, se acercan a los faroles y van hacia sitios divergentes. Ya no se puede leer y ya no tengo más cigarros. 
-Sí, claro que los acompaño.






esto, grosso modo, es peligroso: sus uñas arbitrariamente colocadas al fin de sus dedos, delgadas sobresalen. sus piernas, volutas bailarinas del polvo, se acercan, se separan, se sincronizan. sus ojos, sus labios, su nariz, en perenne corredera hacia las jarchas, son cristales (líquidos moribundos) bajo su piel.

sin título

La vejez es una escafandra
tiene los pies fríos
y la yerba del camino le intercambia los pasos
le intercambia las hojas.

lunes, julio 23, 2012

Ciudad de México


México es una estaca
ataviada con carpas, telas y renglones
 con sus potentes hilos de cuero
las bitácoras se vuelven mariposas
y sus aleteos
los de México
caen en vientres abandonados
como caen las hiedras
las sílabas y las cadenas

Por eso todos los habitantes andan
vientre torcido
habitaciones desnudas
venas de tiempo completo
sus pestañas abren caminos
para los que tienen perros ciegos

martes, julio 17, 2012

Las carreteras siempre me hacen reflexionar acerca de las más complejas banalidades así como de los más sencillos misterios humanos, y casi nunca esa expresión se referirá a la fisiología, aunque sí hay sus repentinos saltos de dudas científicas.
En este último viaje, el primero en mi vida que he hecho al mando absoluto de mi auto, un chevy naranja del 2006 que mi madre me ha cedido gentilmente, he sentido una constante felicidad provocada por la libertad que me daba estar a muchos kilómetros de mi hogar, casi casi, a la buena gracia de dios.



Ahora, continúo:
un par de meses más tarde me encuentro más lejos de mi hogar y con frío. Este viaje no lo he hecho por carretera, lo he hecho por avión por lo que no he tenido mucho tiempo para pensar. Un viaje sin pensar no me agrada, pero el trayecto no ha sido gentil conmigo, sólo la estancia llena de libros, gemidos de las clases de baile y expresión corporal vecinas y el parque España que habita cerca de mí. Me agrada ver a la gente que entra en sus salones por las ventanas caminando por las azoteas.
Mujeres con faldas y cabezas largas, de ojos grandes y bustos discretos levantan las piernas, brincan un pequeño muro y caminan sobre un techo de láminas de asbesto que a mí me pareció bastante endeble, golpean con los nudillos sutilmente el cristal del ventanal y entran en su salón e ipso facto comienzan a gemir y a mover los brazos, mientras otros discuten sobre lo que pueden comprender del sistema nervioso. A esta hora sale el sol.
En la Ciudad de México es difícil respirar, por eso los yucatecos parecemos tan asombrados por el barullo. Así nos reconocen los asaltantes, por nuestra falta de aire. Porque México es más surreal que Mérida, pero cada cable despeinado, cada bolsa de basura, cada calle cerrada por patrullas, cada pájaro completamente aplastado está perfectamente en su lugar, así como las mariposas que sobreviven y las persianas cerradas.